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VI Congreso Internacional para el Estudio de la Mediación y el Conflicto: ¿por qué es necesaria la formación en psicología en la mediación?

A finales de octubre de 2021 se celebró en Barcelona el VI Congreso Internacional para el Estudio de la Mediación y el Conflicto, organizado por la Universitat Pompeu Fabra, que en esta ocasión llevó por título “Cultura de mediación para el bienestar planetario”.

Una de las mesas redondas más interesantes, “Componente psicológico de la mediación. ¿Ruptura del pacto interdisciplinar?” contó con las intervenciones de la Dra. Dolores Seijo Martínez (USC-CUEMYC), el Dr. Ignacio Bolaños (UCM-CUEMYC) y la Dra. Connie Capdevila i Brophy (COPC), moderados por la Dra. Mayte Méndez Valdivia (UNIOVI-CUEMYC), de las cuales ofrecemos un amplio resumen lleno de realidad profesional y reivindicaciones, para las personas interesadas que no pudieron asistir.

Introducción a la mesa por la Dra. Mayte Méndez Valdivia: La relevancia de la psicología en la mediación de conflictos

La doctora inició su intervención contextualizando el por qué de la mesa. Y es que el 15 de diciembre de 2020, el Consejo de Ministros aprobó el “Anteproyecto de Ley de Medidas de Eficiencia Procesal del Servicio Público de Justicia”, en el que se pretende dar especial relevancia a lo que denominan Medios adecuados de solución de controversias (MASC), y por el cual Méndez en seguida expresó un absoluto desacuerdo, sobre todo por cómo se aborda en este anteproyecto el papel de las personas mediadoras, profesionales de la psicología.  A modo de ejemplo, la experta en mediación leyó el artículo 1, que dice textualmente: “únicamente será preceptiva la asistencia letrada a las partes cuando se acuda a un medio adecuado de solución de controversias, ya sea con el objeto de cumplir el requisito de procedibilidad o estemos ante un supuesto de derivación judicial, incluyendo entre los casos que se acuda a la conciliación privada o a la mediación, siempre que el conciliador o el mediador no sea profesional del derecho”.

Los motivos del frontal desacuerdo de los profesionales de la psicología, según explicó, son sobre todo el descrédito profesional que se desprende del enunciado y un total desconocimiento de lo que significa la psicología en el contexto de la mediación.

De dónde partimos: la mediación de conflictos

La mediación, aseguró Méndez, no es solo una posible alternativa para algunos casos a la vía judicial, en la que el conflicto trata de dirimirse bajo el binomio ganador-perdedor. La mediación está basada en una filosofía muy alejada de vencedores y vencidos, y busca que las personas salgan de la situación interpersonal conflictiva en la que están inmersas lo más satisfechas y menos dañadas posible. Es un proceso basado en una dinámica de relaciones interpersonales. 

Acto seguido señaló los tres elementos interrelacionados e imprescindibles de análisis, a tener en cuenta ante cualquier intervención: las personas en conflicto, el propio conflicto y las personas mediadoras que van a intervenir.

Las características del conflicto en mediación

La doctora indicó que los primeros pasos para iniciar una mediación son a) el análisis del conflicto a mediar para determinar si es o no susceptible de ser abordado por esta vía y b) el análisis de sus características para poder actuar contingentemente. Y se parte de la base de que todo conflicto conlleva, en mayor o menor medida, implicaciones en el estado emocional de las personas afectadas que deben ser detectadas y conocer cómo afectan a las personas mediadas. 

En la mediación existen situaciones complejas derivadas de las características personales y/o sociales de las personas que acuden a mediación (como ejemplo, las mediaciones familiares con menores implicados, los conflictos filioparentales, aquellos con mayores en situaciones de dependencia o con consumidores de sustancias…); quienes median en estos casos trabajan con personas que a menudo pueden presentar un desgaste físico, emocional y/o mental. Por tanto, es necesario garantizar que los profesionales responsables de estos tipos de mediaciones manejen de manera competente recursos relacionados con la psicología básica (cognición, emoción, motivación, lenguaje, etc.), la psicología evolutiva, la psicología de carácter relacional y de la familia, el trauma… y tengan competencias que les habiliten para gestionar los diferentes momentos de tensión, frustración y volcado de dolor que puedan sufrir las personas en conflicto.

La psicología en el proceso de las relaciones interpersonales mediadas

Méndez defendió ante los presentes que los y las profesionales de la mediación han que disponer de los conocimientos psicológicos que les capaciten para tener éxito en un contexto en el que su objetivo de trabajo son personas en interacción afectadas por componentes afectivos y emocionales, habitualmente en crisis y con relaciones conflictivas. Aquí radica la necesidad de que las personas mediadoras tengan entre sus objetivos prioritarios conocer qué condiciona el pensamiento y el comportamiento de las personas en situación de conflicto interpersonal. 

La psicología cognitiva remarca los errores y sesgos que el ser humano comete cuando procesa la información externa e interna en pos de facilitar la toma de decisiones, aunque en mediación pueden ser muy perjudiciales para alcanzar acuerdos. Entre estos sesgos cabe destacar la sobregeneralización, la heurística de disponibilidad o accesibilidad, el falso consenso, el sesgo de la correlación ilusoria o el anclaje, entre otros. Sin duda, para su detección, la persona mediadora debe aplicar sus conocimientos en psicología, que le ayudarán a determinar qué  técnicas de mediación son las necesarias para neutralizarlos.

Una función esencial de los/as mediadores/as es promover procedimientos para intentar modificar esas barreras normalmente de índole psicológica (cognitivas, afectivas o motivacionales) que bloquean un diálogo y una actitud constructiva entre las personas en conflicto. De ahí que, aunque a través de la mediación no se haya podido alcanzar los acuerdos deseados, sí se han podido superar algunos de los problemas cognitivos, afectivos o motivacionales que impiden a las personas afectadas por el conflicto llegar al acuerdo, se pueda hablar igual de éxito mediacional, para lo cual la capacitación en psicología sigue resultando fundamental. 

La psicología y la persona mediadora

Según la doctora, cuando la persona mediadora actúa, necesita captar el potencial de las situaciones (contexto) junto con su influencia, así como adaptarse a la dinámica del conflicto y a las relaciones, respondiendo con acciones eficaces. Las competencias personales y psicológicas juegan un papel clave que repercutirá en la transformación del conflicto y en el resultado de la mediación. Además, no solo se encuentra con la profusión de personalidades de quienes recurren a la mediación, sino que, para no violar los principios de neutralidad e imparcialidad, ha de considerar la suya propia y el efecto que pueda tener. 

Por eso, además de adquirir conocimientos teóricos, la persona mediadora debe conocerse a sí misma y conocer sus habilidades y limitaciones tanto técnicas como personales para ejercer su profesión, lo que implica capacidad de autoexploración personal, habilidad para regular y gestionar las propias emociones, incertidumbre, cambio y estrés en situaciones de trabajo, autosupervisión y sistematización de la práctica. Para ser eficiente y eficaz, la experta explicó que el/la mediador/a ha de gestionar dentro de sí sus pensamientos y emociones, lo que implica el autocuidado.

Ponencia de la Dra. Dolores Seijo Martínez: La psicología general en la mediación

“¿Tiene la mediación  algún componente que no sea psicología?”, se preguntó Seijo nada más empezar. “Creemos que la respuesta es no, ya que hemos de tener en cuenta el conocimiento científico que acompaña todos los elementos de la psicología general y su potencial aplicación a los procedimientos de mediación”, sentenció.

La doctora describió la psicología general como “la rama de la psicología que estudia y describe la naturaleza y el funcionamiento de los procesos psicológicos básicos” y pasó a explicar la función de estos ocho procesos psicológicos básicos:

  • La percepción: la manera en que nuestro cerebro interpreta las sensaciones que recoge a través de los sentidos. Los mediadores y mediadoras han de tener información sobre sus mecanismos para entender que la percepción de las personas mediadas siempre estará determinada por su proceso interno.
  • La atención: la capacidad de mantener una concentración selectiva sobre algo concreto. Hay que entender que las personas en mediación centran su atención en estímulos concordantes con sus ideas preconcebidas.
  • La memoria: nos permite almacenar, codificar, gestionar y recuperar información. En mediación se ha de tener en cuenta que las personas pueden usar la memoria con filtros derivados de una información distorsionada.
  • El aprendizaje: la manera en que adquirimos conocimientos, habilidades o conductas. Es clave que las personas mediadas puedan realizar el aprendizaje de las técnicas de mediación.
  • Las emociones: hay que conocer sus mecanismos para que la persona mediadora pueda neutralizar las posibles emociones negativas (frustración, resentimiento, desconfianza…) de las personas mediadas y transformarlas en positivas.
  • La motivación: la disposición para hacer una cosa, relacionada con la voluntad y el deseo. Es útil conocer sus mecanismos para que las personas mediadas mantengan la confianza y la implicación durante el proceso.
  • Cognición (pensamiento/razonamiento): creación de ideas que permiten extraer conclusiones. Hay que asegurarse de que no sea distorsionada para que la conclusión tampoco lo sea.
  • El lenguaje: capacidad para comunicar a los demás pensamientos, sentimientos e ideas, y cuestión clave en la mediación.

Como conclusión, Seijo explicó que estos procesos básicos operan en conjunto, que la psicología puede proporcionar la base del conocimiento cognitivo, motivacional, emocional, conductual e interpersonal que la persona mediadora debe tener, y que este conocimiento, junto con un entrenamiento especializado, es lo que hará que la persona mediadora ejerza sus funciones de forma óptima.

Ponencia del Dr. Ignacio Bolaños: Contribuciones de la psicología a la comprensión de los procesos de mediación

El doctor Bolaños empezó definiendo la mediación como un “espacio transicional de diálogo cooperativo en el que, al menos, dos personas implicadas en una determinada situación conflictiva y, al menos, una tercera persona inicialmente no implicada en ella (la persona mediadora), abordan de manera constructiva los diferentes temas que los protagonistas del conflicto desean tratar”. Acto seguido delimitó la función de la persona mediadora: “acompañar a las personas implicadas en una parte de la evolución de su proceso conflictivo (transición), durante el tiempo necesario para que ellos retomen su capacidad de decisión sobre las cuestiones que motivaron el inicio de la mediación”. Y explicó que “el éxito de la mediación no radica en acordar o en comprometerse sino en la decisión, clara y con conocimiento de causa, de los participantes sobre si quieren o no acordar o comprometerse”, antes de pasar a hablar de cinco ideas clave en la materia:

  1. La mediación es relación. La relación mediadora es un proceso que trasciende los encuentros personales que se producen entre las personas mediadoras y las partes. Se trata de una variedad de espacios posibles que se inician incluso antes del primer encuentro, que se suceden entre el primero y los demás, y que continúan una vez finalizados los mismos. La relación mediadora está presente en los encuentros privados con las personas participantes, en los encuentros entre ellas (sin la presencia de la persona mediadora), en los diálogos internos de estas e incluso en el trabajo con una sola cuando la otra no desea participar.
  2. La mediación es comunicación. La comunicación no es solo algo deseable, es inevitable. Sabemos que todo comportamiento supone comunicación, incluso el silencio. Todas las situaciones en las que participan dos o más personas son interpersonales y comunicacionales. Desde esta perspectiva nos podemos plantear identificar patrones comunicacionales rescatables incluso en situaciones donde la comunicación parece imposible, lo que abre las puertas para diseñar intervenciones externas que promuevan una colaboración deseable.
  3. Mutualidades aceptables. Son la decisión de reparar a través de la mediación una interacción bloqueada o dañada, y supone el compromiso explícito de iniciar una colaboración con ingredientes de prosocialidad, un pacto de apoyo mutuo para lograr un objetivo centrado en el interés común. Por ejemplo, en casos de divorcio, incluye la necesidad de separar los posibles componentes conflictivos de la conyugalidad preservando la parentalidad, redefiniendo roles e incluso buscando una nueva denominación, una manera de llamar a lo que somos o queremos ser.
  4. La mediación desjudicializa las relaciones. La desjudicialización implica la oportunidad de que los participantes aborden sus diferencias y sus puntos en común con sus propias reglas y su lenguaje particular. Y eso necesita un tiempo. El proceso de desjudicialización suele ser más costoso cuanto mayor haya sido la intensidad de la judicialización, y eso depende de la duración de los procesos anteriores, de la implicación en los mismos, de la crudeza de los argumentos utilizados, de las estrategias empleadas o de los daños producidos. Pretender que en una sesión informativa se produzca esta inflexión sería ingenuo, aunque a veces es posible.
  5. Conversaciones posibles: entre la no directividad y la directividad. Desde la no directividad podemos, por ejemplo, permitir que los representantes legales asistan al primer encuentro, pero invitarlos a salir cuando parece que es el momento adecuado para que los auténticos protagonistas se queden a solas con el mediador. O alargar los encuentros preliminares hasta el límite necesario para que ellos puedan decidir sobre su participación. La actitud del profesional es la de una invitación abierta a que inicien el diálogo. Deja que hablen y no interviene si no es necesario. Este planteamiento cuestiona la idea de la mediación como un proceso en el que sus “fases” adquieren un valor relevante. Aquí no hay pasos previamente definidos. No hay un método al que los participantes deban adaptarse. El método son sus propias conversaciones. Así, el mediador, desprendido del método predefinido y liberado de la responsabilidad del contenido, puede centrarse en observar la manera en que los protagonistas abordan sus diferencias e intentan resolverlas y puede participar sin miedo a manipular o a perder la neutralidad.

Ponencia de la Dra. Connie Capdevila i Brophy: La importancia de la perspectiva de salud mental en mediación para reconstruir la sociedad pospandemia

La doctora y mediadora Connie Capdevila señaló en su ponencia que todas las circunstancias vividas en la pandemia han supuesto un impacto en la salud mental de la ciudadanía, especialmente en las personas más vulnerables y con menos recursos económicos. “Hemos constatado que el sufrimiento covid mal tratado, mal atendido, puede pasar de malestar a psicopatología”, afirmó, como de hecho demuestra el macroestudio de la Universidad de Ottawa, que concluye un aumento de la ansiedad (15,15%), la depresión (15,97%), el estrés postraumático (21,94%) o el insomnio (23,87%) tras los primeros meses de pandemia. Pero Capdevila también explicó que había que considerar la reconstrucción social pospandemia no solo como un reto sino también como una oportunidad, “porque se ha puesto el foco en la salud mental, y desde el COPC vemos la ocasión para innovar, revisar y mejorar prácticas y modelos de atención, desde la especialización y la subespecialización”. 

Así, destacó el anuncio de la contratación de 300 psicólogos por parte del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, con el objetivo de prevenir el desarrollo de más psicopatologías y derivar a especialistas, y gestos como el de La Marató de Catalunya Ràdio y TV3, que este año recaudó fondos para investigación y sensibilización sobre salud mental, con el Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC) como asesor.

La doctora quiso destacar además algunas realidades de su profesión como:

  1. Los conflictos mal gestionados que contribuyen al sufrimiento emocional.
  2. El hecho de que hay sobrerrepresentación de las personas con psicopatologías en los conflictos, lo que supone un reto y una oportunidad para ayudarles. En torno a un 80% de las personas que cometen delitos y un 60% de los que consumen drogas son las llamadas “emotivas”, “dramáticas” o “inestables”, que presentan también más divorcios de alta conflictividad. Tienden al “todo o nada”, y tienen dificultades para ver su responsabilidad en el problema, lo que se potencia en el proceso adversarial. El profesional debe estar preparado porque en ocasiones su dramatismo y emotividad convence a profesionales implicados. 
  3. La psicología del trauma o el microtrauma sostenido. Los profesionales saben que no hace falta haber vivido un atentado, una guerra o la muerte de una madre para constatar una reacción traumática. La perspectiva de trauma nos aporta una mirada más profunda y compleja en algunos casos en los que vemos reacciones emocionales desproporcionadas en las sesiones de mediación.
  4. La equidad en la perspectiva de la salud mental. Cuando se interviene en mediación, fomentamos equidad si tenemos en cuenta la diversidad cultural, de género, de religión. De lo contrario, podemos fomentar la marginalización, lo que tendrá efectos en la salud mental.
  5. La mediación es indispensable en la reconstrucción pospandemia. Hay que priorizarla.
  6. Los mediadores han de tener la perspectiva de salud mental, para poder derivarlo a un/a psicólogo/a mediador/a.
  7. Algunas situaciones de vulnerabilidad de la salud mental las encontramos en las personas con edad avanzada, discapacidad, neurodiversidad o trauma, en las dinámicas familiares de conflicto cronificado, en el rechazo filioparental, en las situaciones de violencia…
  8. El o la profesional mediador/a que atiende a personas en situación de vulnerabilidad debe contar con más competencias que para casos ordinarios. Debe tener experiencia en salud mental para que:
    1. Pueda entender que una persona con ansiedad haya sido malinterpretada y acusada de mala actitud o agresiva. O una persona con depresión, de mala actitud o  despreocupación.
    2. No atribuya la responsabilidad del conflicto a la persona con el trastorno de salud mental.
    3. Pueda atender a las partes si se genera un malestar súbito o salen disparados de la consulta. Y pueda gestionar las emociones, pausas, caucus.
    4. Esta experiencia en salud mental le guíe y haga que tenga una antena especial.
    5. Se muestre seguro al hablar sobre salud mental y el impacto sobre las personas y las relaciones.
    6. Reconozca qué síntomas y signos observar (de ansiedad u otros malestares de salud mental).
    7. Aunque sea la persona quien decide participar o dejar de hacerlo, pueda ver la necesidad de la presencia de alguien que le apoye en las sesiones, sin intervenir, lo que podría contribuir a su seguridad en mediación.

Capdevila terminó destacando que las competencias en salud mental y psicopatología se están evidenciando muy importantes en las mediaciones en la pandemia y pospandemia para favorecer la equidad.

Reivindicaciones finales

Tras todo lo expuesto durante la sesión -y entroncando con lo comentado al inicio de este artículo- la Dra. Méndez, moderadora de la mesa, reivindicó: “Los y las profesionales de la psicología que además son mediadores poseen argumentos suficientes para solicitar que cualquier persona mediadora, sin amplia formación psicológica teórica-práctica, debería mediar obligatoriamente acompañado de un/a profesional de la psicología. Pero a nuestro juicio, de hacerlo, caeríamos en el mismo error que se está cometiendo en el  anteproyecto con los mediadores/as que son también psicólogos/as. Lo que reclamamos es la exclusión del anteproyecto de cualquier normativa que limite la actividad a las personas mediadoras que a su vez son profesionales de la psicología por el hecho de no ser juristas. Al mismo tiempo, y lo señalamos como tema clave, defendemos y reivindicamos la mediación como profesión en sí misma, y la necesidad de que la persona mediadora tenga una formación rigurosa, basada en el conocimiento y las evidencias científicas, exigiéndole amplios conocimientos teórico-prácticos de psicología que resultan imprescindibles para desempeñar su labor en un campo tan particular como el de la mediación de conflictos sociales, familiares o interpersonales; en definitiva en el campo de las relaciones humanas.

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